sábado, 31 de julio de 2010

Deseo infinito


Abre los ojos. Despierta.
Déjame saborear de nuevo esos labios
que anoche eran mi perdición.

Sonríeme. Ronronea.
Dame los buenos días con caricias tiernas
que anoche eran lava sobre mi piel.

Sedúceme. Porfía.
Lame mi cuerpo y retén mis ansias
que anoche te penetraban una y otra vez.

Déjate. Jadea.
Siénteme bajo ese vientre
que anoche me pedía más, sin tregua.

Fóllame. Araña.
Viste de obsceno deseo esa cara
que anoche gemía tras incontables orgasmos.

Suéltate. Descansa.
Dale de nuevo reposo a ese cuerpo
que anoche lamí ávido de su sabor.

Pero no mucho...
sólo hasta que estemos con fuerzas
de volver a destrozarnos
en nombre de la pasión.