Se quedó sola por petición propia. Quedaban pocos minutos para las nueve de la noche, hora de cierre del tanatorio, y pidió expresamente a los familiares y amigos que allí quedaban que la dejaran con su marido para, por fin, estar en calma con él y despedirse hasta el día siguiente.Lo miraba de arriba a abajo. En su mente se reproducían momentos de todo tipo vividos con el hombre que la colmó en todos los aspectos. O casi todos. Había sido un amigo en unos momentos muy delicados de su vida, nunca dejó de ser un compañero fiel y, en definitiva, su otra mitad en la vida. Aunque el sexo con él nunca llegara a ser del todo placentero con él a pesar del cuerpo tan bien (muy bien) proporcionado que tenía. Y menos aún en los últimos tres años en los que él estaba más inmerso en el trabajo que en cualquier otra cosa. Esa temporada empalmó después con la que comenzó cinco meses atrás en los que le diagnosticaron un cáncer de pancreas que resuló ser fulminante.
Si por una vez, una única vez, me hubieras dado el gusto de que folláramos los tres juntos...
De repente desapareció la angustiosa pérdida de sentirse arropada con unos fornidos brazos de hombre musculado cada noche, ni de despertarse con olor a café. Ese dolor amargo se vio reemplazado por el hecho de que nunca más iba a volver a tener su polla en la boca. En ese momento, allí, apoyada sobre la vitrina que cubría el cadáver de su marido, no apartaba los ojos de su entrepierna. Recordaba a aquel amante de la adolescencia que descubría en su cuerpo de diosa y su fogosidad de diablesa todo un mundo de experiencias. Rosa abrió instintivamente al sentir, tan realmente como le permitía su cuerpo carente de sexo desde hacía meses, esas lengua joven que le recorrían del ano a su sexo empapado. Podía incluso notar los besos ascendiendo por su espalda, y que acababan con un mordisco en el cuello al recibir la primera embestida. Y aquellas manos que le estrujaban los pechos y que estiraban de aquellos pezones tan duros que ahora parecían querer arañar el cristal que la separaba del miembro viril más hermoso que probó jamás. Ser penetrado por aquel amor de juventud mientras degustaba el sabroso placer de su marido era todo lo que quería en esta vida, pero él siempre se lo negó.
Tuvo la sensación, de repente, de que la observaban. Era el guardia de seguridad, que no osaba interrumpir el momento. Sólo cuando Rosa se volvió hacia él estirando un poco su ropa y arreglándose el pelo pudo pronunciar un "Señora..." a modo de advertencia de que su tiempo se había acabado.
No te preocupes, querida. Mandaré hacer un molde para que puedas tener tanta pollas de plástico como la mía para cuando yo muera. Así ya podrás cumplir tu deseo
Recordó sus palabras nada más salir del tanatorio, de camino al taxi que la esperaba fuera. Pero... ella no recordaba haber pedido uno.
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