martes, 25 de mayo de 2010

Soy un romántico

Desde mi cama miro la ventana. Alguno, desde fuera, podría pensar que soy un romántico al que le encanta ver llover. Pero no es así.

Yo, desde fuera, imagino el cristal entelado. Y tras él, nosotros. Tus manos intentando aferrarse a los travesaños de madera de la ventana. Las mías, agarrando con fuerza tu pelo, rodeando tu vientre o llevando el ritmo de tus caderas. En este momento te incorporo un poco. Mis manos se apoderan de tus pechos magreándolos y mi boca se incrusta en tu cuello. Y sin dejar de penetrarte. Sin poder parar el ritmo incesante que disctan mis entrañas. Es salvaje. Es hermosamente animal. Mis dientes clavados en tu cuello y tus uñas en mis nalgas. Dos cuerpos sudorosos experimentando un placer desbordado. Sin mordazas ni tabúes. Puro sexo de puro sentimiento.

El instinto no nos permite detenernos y seguimos, seguimos y seguimos experimentando el placer del dolor; el de mordernos los labios, el de rasgarnos la piel, el de la pasión de comernos a bocados hasta estallar siendo uno. Hasta aullar agotados al extasis.

Sí... Puede que sea un romántico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada