Otra cama incinerada.
Otro testigo rendido
a la fogosidad incombustible
de dos amantes descontrolados.
Su lomo maltratado arde
tras haber sufrido las embestidas de él,
el galope descontrolado de ella,
la furia de dos animales en celo.
Las llamas cubren el cabecero
que fue cárcel de unas muñecas
y un cuerpo dado en ofrenda
a un inmenso placer mutuo.
Otro lecho que muere.
Que debió ser sacrificado
para silenciar el nombre
de dos amantes furtivos.
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