lunes, 15 de marzo de 2010

Enfermo


Desea que se acabe el instituto cuanto antes. Los años anteriores disfrutaba viendo y admirando los cuerpos de sus alumnas de último curso de ESO en su clase de educación física, pero entonces se le pasaba la calentura follándose a su mujer al llegar a casa. Ahora, después de su última infidelidad, las piernas de ella piernas permanecen cerradas por un tiempo indefinido y el desahogo de sus pajas no le alivia como aquellos polvos salvajes.

Es mediada la primavera. Los fríos de marzo desaparecieron para dar paso, en esta ya primera semana de mayo, a los calores que anuncian la llegada del verano. Las chicas llegan ya sin medias para el uniforme. Sus camisas blancas dan forma a sus pechos en pleno desarrollo y la liberación de los botones superiores muestra en ocasiones algo de su ropa interior. Ramón debe hacer esfuerzos para evitar las erecciones de su imponente miembro en plena clase. No es tarea fácil ya que está rodeado de adolescentes de entre 15 y 16 años de cuerpos turgentes y carnes prietas. Chicas que comienzan a practicar su sexualidad y que, en una clase distendida como es la de su asignatura, dejan ir comentarios que creen inaudibles para el profesor. Si supieran ellas la mitad de barbaridades que a él se le pasan por la cabeza estas últimas semanas ... "Ojalá pudiera daros clases prácticas de lo que hacer con vuestros novietes", masculló entre dientes.

Se imaginaba con un grupo selecto de 4 alumnas, las más desarrolladas para su edad. 3 de ellas solían formar corrillo en la clase del lunes por la mañana para ponerse al día de las evoluciones del fin de semana. "Dejé que se corriera en mi boca". "¿En serio? ¡Qué fuerte! A mí me lo ha pedido pero no me atrevo". "¿Te lo tragaste todo? ¿A qué sabe?". Se veía teniendo a las tres de rodillas ante él, explicándoles como debían meterse su enorme polla en la boca para poder tragársela entera. "Haréis volar a vuestros novios", les decía a dos de ellas mientras la tercera casi no podia respirar con semejante miembro rozando con el glande su garganta.

Mientras, Silvia miraba la escena abierta de piernas acariciando su sexo con la yema de los dedos por encima de sus braguitas rosas. Se rumoreaba en el instituto que se sentó en el regazo del padre Tomás con las piernas abierta y frente a él, y que comenzó a lamerle la oreja diciéndole: "Fólleme, padre. Estoy poseída y sólo el semen de su sagrada polla puede liberarme del demonio que arde en mi vientre. Ensarte su verga entre mis piernas ahora que estamos solos". Nunca se supo con certeza si la historia es real, ya que el padre Tomás murió de un ataque al corazón en esa tutoría individual con Silvia. Tenía la sotana totalmente abotonada cuando llegó la asistencia sanitaria, pero también una erección digna del mismísimo Ramón.

Gracias a esta fama Silvia esperaba paciente el final de la lección de las aprendices. Era cruel ya que se ponía a cuatro patas y se daba azotes con la mano en su culo ya desnudo. Estaba empapada esperando que la enorme polla de su maestro la atravesara. Pero en esta ocasión no fue como ella esperaba. Cuando llegó él le hizo bajar la cabeza hasta el suelo para tener más accesible su ano. "¿Ya te imaginas de qué va la clase avanzada de hoy?". Ramón lamió el sexo rezumante de Silvia y ascendió hasta llegar a humedecer el pequeño orificio que se disponía a perpetrar. "Hoy, el placer del dolor". Y nada más pronunciar esas palabras introdujo sólo el glande lubricado con saliva adolescente. El grito desgarrador de la chica cubrió la estancia pero el maestro no se detuvo. Con ritmo firme fue adentrándose en las entrañas de la joven que mordía la colchoneta sobre la que estaba siendo sodomizada. Ante la mirada atónita de las aprendices, las caderas la Silvia comenzaban a ser las que empujaban. Su mano derecha se acercó a su sexo encharcado para masturbarse, pero un golpe seco de Ramón que hizo desaparecer su polla dentro de ella la hizo retroceder. Fue entonces, después de otro alarido, cuando profirió las únicas palabras inteligibles que salieron de su boca: "Sal de mi culo sin haberte corrido, cabrón, y te juro que te mato, hijo de la gran puta".

Y se corrió. Rodeado de la mezcla de diferentes olores de jabón y perfumes que flotaban en el vacío vestuario de las chicas, y pensando en ésas que le hacían masturbarse allí cada lunes al finalizar la clase.

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